LOS CONGRESOS IGLESIA ESTADO ALBERTO MONCADA En Mayo de 1952 se celebró en Barcelona el Congreso Eucarístico Mundial. Fue un gesto de apoyo eclesiástico a Franco que, al año siguiente, firmó el Concordato con el Vaticano, cuyas consecuencias aún colean y que significó convertir la doctrina católica en parte de la ideología franquista. Paralelamente, los recursos humanos decrecen y van envejeciendo. Uno de los signos más obvios del momento actual, y una de las razones por las que el papado favorece al Opus, a los Legionarios de Cristo, a los Kikos en vez de a las tradicionales ordenes, jesuitas, franciscanos, dominicos es que los primeros tienen abundantes vocaciones, muchos sacerdotes mientras los Seminarios diocesanos y las órdenes tradicionales se vacían. Las nuevas fundaciones, la mayoría nacida en el mundo latino, son también fundamentalistas y encierran a sus gentes en una burbuja ideológica, donde se mantienen seguros al precio de basar su adhesión religiosa en la emoción. Por eso los que se salen de ellas tienen muchos problemas psicológicos para reconstruir su personalidad y su andadura en la sociedad civil. La organización eclesiástica tiene también problemas de financiación. La América generosa ha visto como algunas diócesis han quebrado por las indemnizaciones resultantes de los juicios civiles de pederastia sacerdotal y, con un dólar débil, ya no es aquel proveedor munificente de los tiempos del cardenal Spellman. La Tesorería vaticana ha sufrido incontables avatares, con los conflictos delictivos del caso Calvi y las aventuras en dinero negro del Arzobispo Marzinkus. Pocos días antes de morir, Juan Pablo I había ordenado una investigación de las enmarañadas finanzas vaticanas que se canceló a su muerte. Juan Pablo II utilizó el dinero católico para ayudar al sindicato polaco Solidaridad en su lucha anticomunista y la incapacidad de la Iglesia española para dejar de depender del presupuesto del Estado es un índice más de que los tiempos no son boyantes. La Santa Sede está en números rojos. Y sin dinero no hay influencia. Quizás el gran problema organizativo sea la escasez de sacerdotes diocesanos y su progresivo envejecimiento. De hecho, muchos curas tienen que binar o hasta trinar, como dicen ellos, los domingos, decir misa varias veces, y bastantes parroquias son atendidas por monjas que, salvo confesar y decir misa, desempeñan todos los oficios pastorales y asistenciales. Esa es una de las razones por las que el feminismo católico pide más cuotas de poder eclesiástico y, desde luego, que la Iglesia deje de estar obsesionada con los genitales femeninos. Sin una organización bien dotada de personal y recursos, sin una fuerte descentralización, sin autocrítica, la Iglesia católica seguirá avanzando hacia su transformación en un gueto ideológico con un apéndice ceremonial y una antigualla política, el Estado Vaticano. Los discursos y homilías de Wojtyla y Ratzinger están llenos de ese componente nostálgico y condenatorio que se muestra incapaz de entender y aceptar plenamente la democracia y el pluralismo cultural y ansía recuperar la confesionalidad perdida desde esa posición de extrema derecha en la que le han instalado los dos últimos pontífices.. La derecha española no puede sacar muchos beneficios de esa situación y, cuando pasen los ecos de la “mascletá” valenciana, las cosas retornarán a su normalidad, el Boletín Oficial del Estado seguirá en manos de la autoridad civil y el partido popular lejos del centro político, donde están los votos que dan la victoria electoral.
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